El pasado 2 de octubre, en el Teatro Maravillas, se levantó el telón de El cabaret de los hombres perdidos con la advertencia más honesta que puede ofrecer un escenario: «¡Den media vuelta y váyanse!». Desde las mismas tablas se invita al espectador a irse, a huir de la sala antes de que sea demasiado tarde, antes de adentrarse en un laberinto de indecisión e hipocresía donde las vicisitudes de la vida pueden determinar un futuro del que es casi imposible escapar.
Tras una década de ausencia, este musical de Christian Simeón y Patrick Laviosa1 regresa a la capital con una adaptación a cargo de Israel Reyes, quien dirigiera la puesta en escena para la canción Zorra de Nebulossa en el festival de Eurovisión de 2024. Lo acompañan los arreglos musicales de Germán G. Arias, la escenografía de Juan Sebastián Domínguez, la coreografía de Verónica Mejías Villa y el diseño de iluminación de Himar Santana. Un equipo que suma fuerzas para, en sus palabras, abordar este musical desde una visión pegada a la actualidad y al presente distópico que rodea a la sociedad actual.
En este viaje a los bajos fondos, Leo Rivera (School of Rock), Armando Pita (Los Miserables) y la magnética Supremme de Luxe dan vida a una serie de personajes que guían al joven protagonista, interpretado una vez más por Cayetano Fernández, como faros en la niebla, cuyas luces conducen hacia un tren que descarrila: la perdición.

La historia comienza cuando, Dicky Teyer, un muchacho que sueña con ser cantante, emprende una angustiosa huida hasta un cabaret después de un desafortunado encuentro en el barrio de Chueca. Allí, Destino, acompañado por un tatuador que llevará la cuenta de cada error en su propia piel y una polifacética drag queen obsesionada con un nuevo labial voluminizador de dudosa procedencia, escenificarán cómo puede ser su futuro si acepta una controvertida oferta profesional.
El texto aborda temas tan complejos como el destino, la ambición, el abuso, la pornografía y la autodestrucción, desde la sátira y el humor negro, en un espectáculo que no busca complacer, sino incomodar. Se trata de una tragicomedia de índole faustiana que arrastra al público en una maraña de emociones —tales como la indignación ante el odio, la incredulidad ante el desenfreno y la contrariedad frente a la desgracia— hasta conducirlo al alivio en el último segundo.
Un musical con una estética canalla donde las historias se suceden gracias a una puesta en escena donde los ajustes de vestuario, escenografía e iluminación consiguen que los asistentes recorran los distintos pasillos de este embrollo en busca de alguna salida; mientras, a su vez, disfrutan de un elenco que funciona, una actuación impoluta y la música en directo2.
Al final, la mayor hipocresía resulta ser la propia: la de un público que, advertido del peligro, elige quedarse cómodamente en su butaca para observar la destrucción ajena, olvidándose, en más de un momento, de que la moraleja es en realidad la existencia del libre albedrío. El cabaret de los hombres perdidos no es solo un musical, es una trampa moral de la que se sale cuestionándose no a sus personajes, sino a uno mismo y sobre cómo enfrentarse a las tesituras de la vida. Y por ello, vale la pena el viaje.
El cabaret de los hombres perdidos
🗓️ Del 2 de octubre al al 23 de noviembre de 2025.
🕗 Miércoles a sábados a las 20:00. Sábados y domingos, 17:30.
📍 Teatro Maravillas. C/ Manuela Malasaña, 6. Madrid.
🚇 Bilbao (L1 y L4).
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- Le Cabaret des hommes perdus se estrenó el 7 de septiembre de 2006 en el Teatro du Rond-Point de París bajo la dirección de Jean-Luc Revol donde fue galardonado con dos Premios Moliére y seis Premios Hugo. En 2015, tras haber pasado por ciudades como Viena, Varsovia o Buenos Aires, llegaría a los Teatros del Canal de Madrid donde ganó dos premios Broadwayworld Spain y dos Premios del Teatro Musical. ↩︎
- Tanto en la versión original como su previa adaptación madrileña, el elenco estaba acompañado únicamente por el piano. Sin embargo, esta versión apuesta por el acompañamiento de tres instrumentos con J. Jaime Hidalgo (piano), Lluis Albert Soriano (batería) y Oscar Cuchillo Sastriques (contrabajo). ↩︎


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